Sexta Etapa: Chamonix – Avignon

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Nos vestimos, desayunamos ya que está incluido y el horario de desayunos nos pilla bien, cogemos las motos y… “ostía!!! pedazo de monte”. Parate y le sacamos unas fotos que el Mont Blanc nos ha brindado 10 minutos de gloria para que podamos admirarlo justo cuando partimos de nuevo en ruta.
Salimos por nacionales y autopista hasta Grenoble, donde nos desviamos, como nos indicó Stelvio, por la D531 hacia Villard-de-Lans, pasamos el Col de Rousset que es preciosa la carretera y el paisaje, hasta Die. De ahí, por la D93, dirección Gap, hasta poco antes de Luc-en-Diois, donde cogemos una comarcal hacia Remuzat, precioso. Un sitio donde paramos a comer que invitaba al baño:





Y un video de una de esas carreterillas hecho a una mano:

Hacia Nyons y de ahí, dirección Malaucene, que todavía, antes de acabar el día tenemos que hacer el Mont Ventoux. Porque ¿qué es un día sin grandes puertos en este viaje? Stelvio se lo ha currado. Eso sí, ¿sabíais que se llama ont Ventoux por los tifones que soplan subiendo? Yo lo descubrí subiendo a cañon en una curva de derechas que se habría en un claro con vistas a los dos bordes del monte, bastante tumbado, cuando “algo” cogio la moto en el aire y la volvió a posar metro y medio mas a la izquierda, con una trazada diferente, un coche de frente y los güevos colgandome de corbata. Menos mal que me repongo rápido de los sustos, porque sino aparco la moto y llamo a la grua. La subida es para darle gas y poner la rodilla en el suelo todo el rato (yo con la cordura de la rodilla pasé tres cuartos), pero cuidadito que si abajo sopla viento arriba cuando vas encendido soplan tifones.

El puerto, tanto en la subida, como en la bajada, como estando arriba, tiene unas vistas a la lejanía que son muy bonitas y curiosas. Merece la pena subirlo, sin duda, tanto por unn lado como por el otro.
De Malaucene, por el Mont Ventoux a Carpentras. Y de ahí a Avignon. No hemos llegado cuando, tras estar todo el día esquibando nubes las vemos llegar de frente… “Todavía nos cae la del pulpo a escasos kms, ya verás”.
Pero no, hemos llegado a casa de Ramata, hemos esquivado la lluvia y, además, Ramata nos enseña las murallas y el centro de Avignon, que a mi me parece precioso. Cenamos con ella y una amiga preciosa de las Martinicas unas tostadas en una bar típico del centro, y tras un par de cervezas nos vamos a su casa a dormir que los cuerpos ya no están para más trotes.

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