Novena Etapa: Sallent de Gallego – Bilbao

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Volvemos a subir al Pourtalet, cagon Dios! Otra vez niebla. “¿Nos arriesgamos?” “¡Quien dijo miedo!”… para las francias.

Subimos el Marie L´Blanc y el Col d´Ichere. El primero esta bien, sin nada interesante o curiosidad que remarcar. Pero el segundo no damos a basto entre tanta vaca, boñigas, coches y ciclistas para ver nada ni para poder disfrutarlo. Se ve que aquí los puertos son más bajos y son caminos interpueblos ganaderos… Vamos a dejar esta zona.
Y como es bien sabido por todos que “a todo motero le llega su San Martín”, pues eso, Mano según salimos de l´Ichere y viene marcado la Piedra de San Martín me dice: “sigue el cartel que la carretera es preciosa y te la vasa gozar, me esperas arriba”.
“Killo!!! pero ezto que éh?” Bebeto esto es Altube por lo viejo pero a saco y con paisaje!!!! No dejes de venir aquí! Gas, gas, gas!!!! eso sí, con un dedo en el freno delantero y otros dos en el embrague. Que su madre, cada dos por tres dejas de ver la carretera, curvas, curvitas, curvones, con visibilidad, sin ellas, ciegas, con paisaje, entre paredes… para gordos, para flacos, para gente con pasta, para pobres. “¿Te ha gustado?”, “Ostia, ¿conoces más? ¡¡Me ha encantado!!”
Bajamos a Isaba y ahí nos comemos un par de pintxos y un café, esa será la comida de hoy aunque son las 11 de la mañana.

Seguimos camino de Iruña para volver ya a casa pero, todavía el día me deparaba más sorpresas, en un desvío mano se para: “Por aquí es un poco más largo pero es un puertillo que te va a gustar también”, “Dale”. Tres minutos tardo en adelantarlo. Nada más ver el firme y diciéndome que me va a gustar… tiro como un misil por el puerto de Burgui (otra carretera que dejo para siguientes rutas) hasta Navasques, donde le espero y seguimos por Lumbier hasta Iruña. Allí nos despedimos y sigo por autopista hasta Altube. Como lo sabéis, tiro por lo viejo, Altube no pierde su esplendor. Eso sí, todavía me parece más sencillo de lo que me parecía. Son muchos días en moto por carreteras que no conoces y que tienes que intuir. Llegas a una que conoces de pe a pa y, nada, ni 10 minutos y ya estoy en el peaje de después de Orozko.
Una duchita que te lo has ganado y a casa.
Y a la tarde me voy para el pueblo a ayudar a mi padre en la viña y a visitar al Aitite que quedan fuerzas. 😉 y para dormir tendré tiempo cuando muera.
Finalmente, un viaje sin ruta previa se ha convertido en lo que habéis leído: 4300 kms y 80 horas de conducción en 9 días llena de paisajes y jugar al escondite con la lluvia. El año que viene inventaremos alguna cosa más jarta.

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